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El valor de mi empresa es el importe que se le asigna en función de los activos que tiene, de los pasivos que debe y de su capacidad de generar resultados.

Exsiten varios motivos para tener que realizar una valoración empresarial, como por ejempolo:

Si pensamos en la posibilidad de vender una empresa, ya sea en su totalidad o de manera parcial, tras la segregación de una rama del negocio. Es obvio, que el importe que se obtendría al vender —precio— respondería a la negociación que se desarrolle entre comprador y vendedor, pero está claro, que en la misma, la respectivas posiciones de las dos partes deberían obedecer, entre otras cuestiones, a la valoración dada al objeto en venta (la empresa o parte de ella).

Si nos planteamos la necesidad de obtener recursos propios, para afrontar nuevas inversiones o un proceso de expansión de nuestra empresa, durante la negociación, el precio de entrada para los nuevos accionistas,implica que tanto empresario e inversores deben tener presente el valor que respectivamente otorgan a la empresa afectada.

En el supuesto de una fusión entre empresas para afrontar la actividad empresarial con las ventajas de las sinergias conseguidas y de una mayor dimensión. Sin duda, el acuerdo de la ecuación de canje —correspondencia entre las acciones entregadas de cada empresa fusionada y las recibidas de las resultantes de la fusión— deberá responder a las valoraciones atribuidas a las empresas participantes en la fusión.

En el caso de una transmisión hereditaria, por la que un empresario distribuye su patrimonio total entre sus herederos, para lograr la igualdad económica entre las diferentes partes de la herencia, la empresa ha de ser objeto de valoración. De modo análogo, si en herencia o en donación, se reparte una empresa entre varios herederos o donatarios, cada parte deberá ser objeto de valoración para medir lo percibido por cada cual.